Reliquias

Bueno, hablemos del DVD de Mikel Clemente ya mencionado; el título es tan inesperado y chocante como Videoclips y rarezas. Trae videoclips (Mikel es, ante todo, director de videoclips), imágenes de distintos rodajes de los mismos, documentales cortos (sobre el cuarto de hora) y alguna que otra rareza más.

Está el documental que hizo sobre Jack Griffin; después de verlo sigo sin estar del todo seguro de si existió o no, ni si del artículo de la Wikipedia al que enlazo es o no una tomadura de pelo, pero está entretenido y he oído la voz de Segundo Grandío. Además, conservando la sospecha de que se lo están inventado todo todos los entrevistados te ríes bastante.

Pero, claro, lo verdaderamente interesante son los videoclips. Hay cosas bastante chulas: de Extremoduro, de Platero y Tú, de Def Con Dos y de otros grupos menos conocidos. Y, como aquí vamos a nuestra bola, vamos a hablar de esos que ni Dios conoce, porque los de Siniestro…

Los de Siniestro son auténticas reliquias que, mientras esperamos a que salga la ansiada videografía del grupo, sólo pueden encontrarse aquí. El de 800 Balas y el de ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? del vigésimo aniversario ya circulaban por la red (y el último está en el SingStar Rock, un juego para videoconsola), pero el resto…, reliquias, les digo.

Vale, los primeros son algo cutres y el de Yo dije yeah! marea, aunque el de El Hombre Medicina es bastante agradable, y por momentos coloca casi tanto como una clase de Biología del tercer trimestre. El de Cuenca minera es divertidísimo y muy burro, además de ser el primero sin Costas. Éstos son los del Made in Japan. Pero los que molan de verdad son los del Policlínico miserable; no sólo porque se trate de mi disco favorito del grupo, sino porque es que, leñe, son posteriores y están mejor pensados. El de Sólo los estúpidos tienen la conciencia tranquila invita a cada segundo al pecado carnal, pero no es ése mi favorito.

El mejor, el perfecto, ése es el de Y yo me callo. Por cada detalle. Por las imágenes de explosiones, de La Meca, introducidas en el momento justo. Por eso tan macabro del señor (creo que sé quién es) disfrazado de gallina con las gafas puestas, como salido de una pesadilla. Por Julián vestido como si se dedicara a rapear. Por la cinta aislante tapando las bocas de los miembros del grupo, que se las quitan para corear el estribillo: «Y yo me callo.» Una pasada, oigan.

Supongo que ahora, como buen cristiano, tendría que colgar los vídeos en YouTube para que el mundo pueda admirarlos. Lo haré, espero. De momento, paciencia.

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