Gran Ilusión

Bueno; escuchado el nuevo disco de Engendro, creo hallarme en condiciones de reseñarlo brevemente.

Gran Ilusión no llega, tengámoslo presente, a la genialidad del primer disco, a pesar de contener seis canciones más; pero, si tenemos un cuenta, por un lado, que superar tan magna obra —esa Marcha Imperial sutilmente introducida en Soñé que era un pez, arf— ya era de por sí difícil y, por otro lado, que en el segundo disco hay (casi) siempre un bajón, ya me dirá usted quién tiene la culpa.

También podemos apreciar en él que Engendro va en serio, o al menos eso parece; y si no es así, lo disimulan bastante bien. Hay un concepto en el disco bastante alejado del ocho-canciones-juntas del primero: la intro al álbum por un lado y ese extraño collage que da sentido al título del disco y que precede a Rey por otro dan una sensación de unidad más o menos trabajada.

Vayamos, pues, a las canciones. Papá Abarca fue educado por cuatro señores ingleses y una japonesa, y eso se nota: en el primer disco teníamos una versión de Let it be, y yo ya había visto en un video en YouTube cómo hacían lo propio con Lucy in the Sky with Diamonds rebautizada como Un sofá de Eskay me hablaba, versión que esperaba poder encontrar en Gran Ilusión. Sin embargo, parece haber sido sustituida por otra versión de los Beatles: el estribillo de With a little help from my friends pasa a ser “La mitad de los políticos son gays” para gran regocijo de la audiencia. Y, como viene a ser justo la canción anterior en el Sgt. Pepper’s, pues se acepta el trueque.

Plaga de crestas, amenizada por ese alegre organillo, critica a quien resulta evidente; Cojín resulta una de las mejores canciones del álbum, si no la mejor, y es una versión de Video killed the radio star, de los Buggles, que en cuanto a instrumentación da casi el pego y en la cual el acento británico que pone Abarca resulta bastante divertido; Pienso en mí trata ese profundo tema que para tantas manifestaciones artísticas da que es la masturbación; Condón es esa versión que, curiosamente, aún nadie había hecho (¿qué otra cosa evidente se rompe de tanto usarla?, ¡montones!), y en ¡Qué rollo es el rock! y Maneras de morir hacen versiones acustizoides de clásicos del rock en España: Mi rollo es el rock, de Barón Rojo, en el primer caso, y Maneras de vivir, de Leño, en el otro.

En resumen, un disco bueno; un típico segundo disco, que sin superar al primero va definiendo la trayectoria del grupo. Aunque, claro, aún falta por ver la portada.

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