Sobreviví a un concierto de Siniestro Total a las dos de la mañana en medio del monte

Como podéis ver, llevo ya más de una semana sin escribir nada por aquí. Estoy de vacaciones; esto quiere decir que no desparramaré si no me ocurre o se me ocurre algo especialmente destacable, pero no esperéis más de un post por semana.

Pero bueno, lo de ayer fue algo especialmente destacable y digno de reseñar: estuve en Molvízar viendo a Siniestro Total, que es, como bien vosotros, compatriotas, sabéis, uno de mis Grupos Favoritos de Todos los Tiempos.

Era un concierto en el que actuaban varias gentes; concretamente, tres grupos y una solista, y la cosa empezaba a las diez y media. Con tal perspectiva de que Siniestro empezara a dicha hora convencí a mis progenitores para que me trasladaran al lugar, pero se da la curiosa circunstancia de que Siniestro siempre son los últimos. Una hora por concierto: ellos empiezan a las dos de la madrugada, porque (¡hombre! ¡Que son Siniestro!) hubo media hora de preparación, con Blanco probando la batería y unos señores comprobando que las guitarras sonaran bien.

Por fin, a las dos de la madrugada, día del señor de 21 de julio de 2006, tan buscado por mí en Google día tras día en busca del lugar (fue en el campo de fútbol) y la hora del encuentro, la música de suspense inaugural comenzó a sonar; se apagaron las luces, y cinco señores de traje (de izquierda a derecha Soto, Beltrán, Julián, Ángel y Óscar) aparecieron sobre el escenario. Y empezaron a tocar. He aquí el repertorio comentado, para mayor gloria del género humano:

  1. Miami Vice theme. Quince años lleva siendo éste el tema inaugural de todo concierto de Siniestro que se precie, y éste no iba a ser menos. Aunque no lo tocaban ellos sino que sonaba de fondo, también cuenta.
  2. Cuánta puta y yo qué viejo. La última sensación en primeras (sin incluir al tema de Miami Vice) canciones de concierto, que viene siendo la habitual en los últimos meses. Debe de ser para celebrar el vigésimo quinto aniversario del castañazo que dio nombre al grupo; en cualquier caso, aunque el riff sonaba tan bestial como siempre, el grupo aún no estaba del todo acicalado y sonaba un tanto frío. Pero ya vendría lo bueno.
  3. La luna sobre Marín. Una versión cambiadísima de una cara B de hace veintitantos años, con una parte instrumental bastante larga; aunque es posible que esto fuera más bien improvisación de Óscar y Soto, porque a Julián no le sonaba la guitarra; se la cambiaron, seguía sin sonar, y no fue hasta la tercera guitarra cuando por fin funcionó aquello.
  4. Soto será el Virtuoso por Excelencia del grupo pero Julián tampoco es manco: tocó a la introducción de Tan hermoso a la perfección incontables veces, hasta que por fin se le unió el resto. La cosa ya estaba empezando a sonar realmente bien: Soto hizo un solo magistral y el estribillo sonaba potentísimo. Julián se olvidaba continuamente de la letra, pero esto es tradición en esta canción.
  5. Toca monólogo. Julián estuvo sembrado esta noche, y ahora hablaba (con una toalla sobre la cabeza), cómo no, de Galicia y sus productos. Elogió a Motril (se pasó toda la noche metiéndose con Motril) y, sobre todo, al ron pálido, que dijo ser la razón por la que siempre vuelven a Granada, provincia por la que expresó su respeto y cariño diciendo que ya están casi convencidos de que Galicia es una colonia suya. Empezó a enumerar de lo que esto era tierra: “Olivos…, vino…, bueno, venga, vamos a tocar algo.” Y vino la gloria: Ay, Dolores, que confirmó que el concierto estaba yendo genial. La armónica de Julián pilló a todos por sorpresa, y fue de lo mejor de la noche; el sonido era espectacular.
  6. Una palabra tuya. Canción escondida en las profundidades del Me gusta cómo andas, que tiene ya dieciocho tacos, y momento místico y espiritual.
  7. No recuerdo qué dijo Julián ahora, pero acabó con un “Los nosequés, los nosecuantos, la Cultura popular.” Y la tocaron. Y cuando Julián cantaba “El guapo suele ser casi siempre un bellaco al final” señalaba a Óscar, que hacía gestos de algo así como “Qué se le va a hacer”. Por supuesto, fue en ésta sobre todo en la que se lució Beltrán con su saxo.
  8. España se droga. Larga vida al Policlínico miserable: aunque en las partes relajadas la voz de Julián sonaba demasiado y no muy bien, durante el resto de la canción el sonido fue tan bueno como en las otras canciones del concierto.
  9. Durante su estancia ayer en Motril, el grupo aprendió tres cosas, o eso dijo Julián. La primera creo que era que no se podía salir a la calle de noche en Motril; de la segunda no me acuerdo exactamente, pero era algo referente a la comida y la bebida; la tercera era “Tenemos que dejar de trabajar. Y es que lo que queremos es estar todos horizontales”, forma de introducir la genial, sublime, viva Torrado Tumbado a la bartola, que supuso uno de los grandes momentos de la noche. Me emocioné, lo admito.
  10. Algo así como “Viva China” dijo Julián para introducir El Loto Azul, que ya parece haber sido confirmada como el himno del último disco. El solo de Soto, bestial.
  11. Pero claro, aún no había llegado el momento estelar de Soto: El síndrome de Estocolmo la cantó él, y tocó el solo con el wah-wah a toda pastilla.
  12. Termina Soto con su momento estelar, y dice Julián, señalándolo: “Extrema izquierda —para nosotros—, Javier Soto; extrema derecha —señala al otro lado—, Óscar Avendaño.” Ahora es el momento estelar de este último, con Sobre ti, tal como pasó en Granada en septiembre. La canta y toca, como siempre, el bajo.
  13. Y éste es el momento en el que vuelven a la fase anal. Y son artistas, dice Julián. El medley presente en las últimas actuaciones comienza con Oye, nena, yo soy un artista tocada a toda hostia.
  14. Purdey. Segunda canción del medley nostálgico en el que repasan los primeros tiempos del grupo. Ésta es del primer EP y suena tan bestia como la anterior.
  15. Todos los ahorcados mueren empalmados. La primera canción del primer disco, todo un signo del poco virtuosismo que requiere su ejecución pero lo bien y potente que suena, sobre todo en el estribillo. Continúa con el medley.
  16. Al fondo a la derecha. Da nombre a este blog, dura medio minuto y resume toda una filosofía de vida, el poco sentido que tiene la mayor parte de lo que nos rodea actualmente y el nihilismo en esta sociedad. Y da fin al medley y a la fase anal.
  17. “Pues que sepan que esto es una mandolina. No, ya, es que luego… Y sirve para hacer así: [Julián canta algo en inglés y toca la mandolina.]” Luego suena Emilio Cao, con las estrofas acústicas que revientan al llegar al estribillo, que suena mucho más jevi. Y aún queda mandolina para un poco más.
  18. Un fragmento de La bamba acaba transformándose en el riff de la Canción Más Famosa de Siniestro de Todos los Tiempos: Bailaré sobre tu tumba, una tema romántico interpretado por Julián a la mandolina y el resto del grupo en sus puestos habituales. Y cuando Julián decía: “Te tragarás la colección de cassettes / de las Shan-Gri-Las…”, se oía perfectamente al público completar el verso con “…O de las Ronettes”, y lo mismo con los dos versos siguientes. Muy emotivo.
  19. “¡Assumptaaa!”, grita un señor del público. Julián se acerca al micrófono y dice: “Pero vamos a ver: en el aeropuerto de Granada hemos visto a uno llegar con un cartel que ponía: «No somos Cataluña.» Qué vamos a tocar Assumpta ni… Mejor Francia. Sí, vamos a tocar una canción sobre Francia, con sus pguinsesitas, sus maguineguitos, sus pompones… Vamos a tocar una canción en francés.” Extraña (por mi parte incomprensible) introducción a ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?, que usa el solo de la versión del vigésimo aniversario; de todas formas, es bien sabido que por Ciertos Problemillas Legales no pueden tocar Assumpta, pero ésta es buena sustituta.
  20. “Ahora vamos a hablar de los productos de Galicia.” No dice mucho del lugar el que ésta sea la introducción para Todo por la napia, que habla sobre la cocaína, pero la canción y la parte instrumental sonaban geniales. Y esto ya se estaba acabando…
  21. Chusma. Empieza con un discurso de Julián, no me acuerdo de cuál de ellos, en el que termina diciendo: “Pero ahora de lo que vamos a hablar es de chusma.” Y empieza el riff. Pero lo mejor llega por la mitad. Soto toca. Soto es Dios. Un solo im-pre-sio-nan-te, el mejor de la noche y el mejor de los que le he visto tocar en directo. Este tío es un genio.
  22. Y se acaba, y lo hace de la mejor manera posible: el otro himno de Siniestro, aparte de Bailaré sobre tu tumba, es Miña terra galega y dura ocho minutos, siendo los cuatro últimos improvisación y presentación por parte de Julián de los técnicos, el mánager (Blanco) y el grupo. Si bien cuando alguien del público había pedido ésta Julián había dicho: “¿Cómo que Miña terra galega? ¡Que son ustedes granadinos!”, el caso es que se despidieron con esta canción. Ah, y Julián también se presentó a sí mismo: “Lo siento, yo soy Rocío Jurado.” Suele hacerlo.
  23. ¡Ja! ¡Crédulos! ¡Aún quedan los bises! El grupo se ausenta por unos instantes del escenario y vuelve para el gran momento de Ángel a la batería, que durante alrededor de dos minutos improvisa sobre la base rítmica de Diga qué le debo mientras los demás hacen florituras con las guitarras, el bajo, los teclados o el saxo. Y, tras dos minutos, suena el riff y la canción empieza en serio. Apenas hay parte instrumental en medio: parecen habérsela comido en favor de tan extensa introducción. Y acaban, y empiezan con las improvisaciones y el virtuosismo. De poco les va a servir esto último con lo que viene ahora.
  24. Ayatolah! Ahora sí que se acaba, pero lo hacemos bien y volvemos de nuevo a la fase anal. Cinco acordes pero tocados muy a lo bestia; una batería contundente, un bajo rotundo, Julián vociferando… En Granada me la perdí por impaciente y por largarme en cuanto parecía que habían acabado pero aquí no: no pensaba marcharme sin escucharla, y mis planes se cumplieron.
  25. Himno de la URSS. Ésta tampoco la tocan ellos, pero el caso es que suena y que ellos están sobre el escenario, con el puño en alto y despidiéndose, y un gran sentimiento de hermandad recorre nuestras filas. Amén y a ver cuándo vuelven.

Una vez terminada tan emotiva despedida los cinco bajan y entran en un chiringuito que tienen montado para ducharse (cosa normal: ahí hace un calor de carallo, hay otra humedad de carallo, consecuencia inevitable de la cercanía del mar, y esta gente iba vestida de traje y corbata; así no hay quien sobreviva), comer y demás asuntos intracamerinales. Pero no, yo quiero mi autógrafo. Espero fuera, a ver si salen. Con unos que había por allí esperando para lo mismo nos acercamos (yo no quería, que conste) a la ventana, por donde veo que Beltrán lleva puesta una camiseta de Mozilla (esto, queridos amigos, se llama fetichismo), y esta gente llama a gritos a Julián, que dice que esperemos cinco minutos y sale. Pues vale.

Mientras esperamos voy corriendo a comprarme una camiseta de Siniestro (la de “Los feos somos más”) y vuelvo. Julián sale, me firma un autógrafo, les firma las entradas a los otros, y todos contentos. Bueno, en realidad yo quería los autógrafos de todos, y sobre todo el de Soto, pero cuando le dijimos a Julián que les dijera que salieran, nos respondió que él no se habla con ellos. Un tío simpático; y los comentarios ingeniosos los hace igual encima del escenario que debajo. Y otra cosa: todo el mundo dice que Julián es altísimo, pero encima del escenario no lo parece tanto. Pues bien; es altísimo. Hay que verlo a su misma altura, y todos los rumores son ciertos.

El concierto, como un todo, como una entidad única, en sí mismo, estuvo genial. El ambiente de no demasiada gente (unas cien o doscientas personas como mucho) permitió que la actuación fuera bastante cercana, con el público interviniendo de vez en cuando (hasta se le oía), y Julián estuvo sembrado. Contó, no recuerdo en qué momento, con la toalla sobre la cabeza, que tenían un problema, y era que en Granada había un restaurante italiano. Según decía, como todo el mundo sabe, un bajista (y señalaba a Óscar) en un restaurante italiano es un peligro, y este sujeto pidió una pizza que se llamaba nice; y, curiosamente, este nombre suena extrañamente parecido a Nietzsche. Conclusión: Dios ha muerto. La lógica es aplastante.

Otra cosa que dijo no se sabe cuándo es que este concierto estaba dedicado a Óscar Pereiro, the Boss, / que va vestido de amarillo por estos mundos de Dios (sic). Sembrado, oiga.

Y luego, a casa. Cuatro y cuarto de la mañana, camino de Granada. Bonita experiencia, pero déjenme dormir.

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4 comentarios to “Sobreviví a un concierto de Siniestro Total a las dos de la mañana en medio del monte”

  1. Camarada Bakunin Says:

    ¡Mooooola!

  2. Alfonsound Says:

    Pedazo de crónica de un concierto de Siniestro. ¿Te llevas la libreta para tomar nota? Joder… Yo haré otra del próximo al que vaya. ¡Salud!

  3. Herenvardo Says:

    Sí, estuve apuntando todas las canciones en una libreta. Debía de ser bastante divertido ver al enano de la primera fila con su libreta, escribiendo en ella cada vez que empezaban una canción…

  4. Lopatin Says:

    En la canción siete lo más probable es que dijera “Moncho e mai-lo sapoconchos”.

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