Una historia de casualidad, lujuria y decepción

Definitivamente, la rubia no me quiere.

Para celebrar que estos cuatro días está de puente, Edu ha hecho un par de cosas con bastante poco sentido y aún menos resultado. Después de declararse a una chica de una forma especialmente obscena, y justo unos minutos antes de poder conectarse a Internet, ha abierto a la rubia (sic) y le ha dicho con voz especialmente seductora: “Conéctate.” Si bien normalmente la rubia no hace ni puñetero caso a esta petición, esta vez, y tal vez porque sabía que no lo iba a conseguir, le ha dado por intentar conectarse.

Por supuesto, la rubia no ha conseguido nada, porque, les recuerdo, en el momento de este intento no había conexión a Internet. Sin embargo, Edu ha dejado a la rubia abierta (sic) y, una vez que el ordenador se encontraba conectado a la superautopista de la información (sic, sic, sic), le ha vuelto a decir con su seductora voz de siempre: “Conéctate.” Lo ha intentado. Lo ha conseguido. La rubia se ha conectado.

Esto, como ya vuestras mentes barruntan, no tiene ni pies ni cabeza, pero la informática es así, y los caminos del Señor son misteriosos, y tal y cual. De modo que dejémoslo estar y adentrémonos en la rubia (sic). Edu, humano él, se ha sentido maravillado ante las horteras posibilidades que la rubia ofrecía, y ha empezado a dar rienda suelta a sus más oscuros deseos, y se ha adentrado en sus múltiples opciones y con éxtasis salvaje la ha toqueteado (sic). Esto, amigos míos, se llama lujuria.

Bueno, todo tan hermoso; ahora viene lo que lo manda todo al carajo, como suele ser habitual. Toqueteándola en sus más profundas profundidades (sic, sic, sic), es decir, en las opciones sobre dispositivos, la rubia ha dicho: “Sí, hombre, y luego el sadomaso” y ha cascado sin decir ni mu. La busco, le explico la razón de mi perversión, vuelve conmigo, pero diciendo: “Una y no más, Santo Tomás.” Venga, otra vez. Voz seductora: “Conéctate.” Ni puñetero caso.

Después de repetir la operación inicial (intentar conectar sin conexión, intentarlo con conexión), la rubia seguía en lo suyo: que no. Estoy empezando a desesperarme y a convencerme de que, por más que yo intente konquistarla (la k es un chiste malo), la rubia no me quiere. Je suis desolé.

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