Policlínico miserable

Policl�nico miserableEl pasado día cuatro, martes, como todo el mundo sabe y mis treinta y nueve visitas de ayer probablemente se encargan de demostrar (¡uarf!, ¡buen regalo!), fue mi cumpleaños. Y me regalaron los dos únicos discos de Siniestro editados en España que me faltaban por tener (mis contactos ultrasecretos en Chile me están buscando el Así empiezan las peleas): el Ante todo mucha calma y el Policlínico miserable. Sobre el Ante todo mucha calma no tengo mucho que decir, ya que, entre las canciones sueltas que tenía obtenidas por medios deshonestos y el hecho de tener el deuvedé con parte de los temas del disco, no encuentro mucho nuevo excepto la versión de Ay, Dolores. Eso sí, el libreto es un tocho lleno de fotos bastante entretenido.

Pero el otro es nuevo para mí. Y tengo una pregunta: ¿por qué coña todo el mundo odia el Policlínico, por qué todo el mundo odia Melancólico (¡miserere!)? ¿Por qué, si esta última tiene una batería genial y una letra magistralmente deprimente, y lo demás del disco son de lo mejor que ha hecho Siniestro, a pesar/gracias a (ahí no me meto) la salida de Costas de la formación?

Depende, España se droga, El regreso del hijo del zombie Paco, Jóvenes, vírgenes y castos (de la que suelo acordarme en los momentos más insospechados), Doctor Juan, Y yo me callo (apocalíptica) y Respeten nuestro dolor ya las tenía del recopilatorio La edad de oro del pop español dedicado al grupo este. Bilbao me ha sorprendido gratamente con el peazo-de-puente que es lo de “Ya voy, ya voy, ya voy, ya voy: aquí estoy, pero ¿dónde estoy?”, que no podía ni sospechar que fuera a sonar tan bestia. La instrumental cuyo largo título (que es Escena de fiesta (en un chalet de la sierra madrileña) de una película de Alfredo Landa en tiempos de Franco) no voy a mencionar me ha sorprendido, también gratamente, por justamente lo contrario: el puente suena demasiado…, ergh…, bonito (pero yo no he dicho eso, que conste).

Maniobra, loco Iván es un rock and roll de inspiración soviética, y Respeten nuestro dolor es otro (sin lo de la CCCP) que constituye todo un canto a la hipocresía, así como Del muslo de Júpiter lo es al egocentrismo, esta vez en forma de rap con riff guitarrero y machacante y unos arreglos de cuerda al principio y al final más bien propios de una película de terror, aunque suenan de una forma genial.

Por alguna razón, éste es un álbum polilingüe, en el que a Julián le da por cantar en (por orden de aparición) castellano, euskera, inglés, gallego (éste no podía faltar) y (un poco) francés, y que abarca todos los estilos habidos y por haber, con eso del rock y el rap y el rock and roll y el funk y el blues y el rhythm and blues y el jazz y el heavy metal y el punk. Y es como todos los de Siniestro, o al menos como yo creo que son todos los de Siniestro: mejor que el Made in Japan y no tan bueno como el Sesión Vermú; es decir, mejor que el anterior y no tan bueno como el siguiente. Y eso, aclaro, está bien.

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