Las categorías en las que se organizaban los posts de este blog no estaban muy bien planteadas. Y sólo una persona (Edu) podía dar solución a este hecho. La única razón es que yo soy el único que tiene acceso a la modificación del blog.
Para empezar, muchas estaban clasificadas como “Haciendo el mal”. ¿Sirve eso para algo, si prácticamente todos y cada uno de mis posts destilan mala leche? ¡No! Pero mientras recategorizo todo el chiringuito he renombrado esta categoría como “Sátiras”, y lo mismo he hecho con todas las demás. Porque he llegado a aborrecer los nombres que en su día les puse.
Y se me han ocurrido algunos nuevos y muy originales. Pero antes de endosárselos a mis historias como definitivos he decidido dar una oportunidad a este invento nuevo de los jóvenes de ahora, ése al que llaman democracia. Si alguien me hace caso, en los próximos días (no muchos, es de esperar) inteligentes comentarios a este post aportarán ingeniosos nombres de categorías, y en poco tiempo este lugar rezumará colorido verbal gracias a los apelativos que escoja para entrar a formar parte del folclore popular.
También he añadido unas cuantas categorías nuevas; tengo la incipiente sospecha de que voy a pasar soberanamente del rollo de las categorías modales y las categorías temáticas que explico en Qué carajo significan las categorías y voy a dejarlo simplemente en de qué va el post. Y otra cosa que me parece es que voy a dejar de autoimponerme el máximo de un post por día. Es absolutamente irracional, pero es una de esas consecuencias desagradables que tiene mi esquizofrenia.
Y he pensado en ponerles banda sonora a los posts. Quizá sólo a los que resulten evidentes, pero es que hay veces en que uno apenas puede resistir la tentación de hacerlo. Y también he pensado en hacerme rico de una vez por todas, pero de momento estos acontecimientos, felices aunque secundarios, tendrán que esperar en pos de una mejora en este blog.